jueves, 12 de junio de 2008

Capítulo 3 : Las Fábricas de huachipa

CAPÍTULO 3: LAS FÁBRICAS DE HUACHIPA

Los hermanos salieron del portón, y se preguntaron a dónde podrían ir. Cristina sugirió que podrían irse por la derecha y dar una vuelta por la manzana del frente. Lucía dijo que sería mejor que se diesen una vuelta por la manzana pero por la derecha, ya que por ahí habían venido y podrían reconocer el camino. Renzo, en cambio, dijo que sólo las seguiría a donde fuesen.

- ¿Cómo vas a querer ir por allá si ni siquiera hemos pasado una vez pro ahí?- preguntó Lucía a su hermana
- No nos vamos a perder Lucía, sólo hay que memorizarnos el camino y vamos a estar tranquilos. Hay dos cabezas aquí – “oye” dijo Renzo al escuchar eso de su hermana – no te preocupes.

A Lucía le dio risa lo que dijo su hermana, y entonces estuvo de acuerdo de dar la vuelta a la manzana por la derecha. Justo en ese momento, Renzo les sugirió que mejor vayan por la izquierda, ya que por ahí habían pasado una vez por lo menos. Las hermanas ya decididas no le hicieron caso y empezaron a caminar. Renzo sin más que decir tuvo que seguirlas. Las hermanas le dijeron a Renzo que sólo demorarían media hora y que este no se preocupase pro las puras.

- ¿Se han puesto a pensar en qué podría pasar si nuestros padres vienen? – dijo el hermano mayor.
- No va a pasar nada, ya no exageres mucho con tu papel del hermano mayor – contestó Cristina
- Si hermanito la flaca tiene razón, sólo vamos a estar aquí por un momento, y luego regresamos- dijo Lucía

Renzo suspiró de preocupación y cansancio de insistir. En ese momento el pensó cómo podría ser si la diferencia en la edad de ellos es mayor. Las hermanas para nada podrían salir, ya que el hermano, mucho más grande que ellas las detendría, y además impediría cualquier travesura que estas hicieran. Pero sólo eran imaginaciones, la diferencia que tenía con Cristina era un año y medio, y con la menor se llevaba por 2 años y un mes.

De repente llegaron a la esquina. Iban a cruzar, pero Cristina les impidió el paso.

- ¿Y si vamos a Ambev?- dijo ella
- ¿La fábrica?- preguntó el hermano mayor
- Claro pues-
- ¿Y por dónde está?- preguntó Lucía
- De acá nos vamos para allá. – Cristina señaló atrás de ellos, hacia donde se iba volteando de la esquina a la derecha- De aquí a una cuadra creo, no está tan lejos.
- Ya pues vamos – dijo la menor emocionada
- ¿Supuestamente no se iban a cruzar y dar la vuelta por la manzana?- dijo el hermano
- Vamos Lucía, no le hagas caso- Lucía se rió y siguió a su hermana, quien ya había volteado a la derecha. Renzo cerró fuerte los puños y las siguió.

Se fueron a la derecha por una pista muy descuidada, donde no pasaba casi ni un carro, por lo menos no pasó ni uno cuando ellos estaban ahí. Terminando ese pequeño trozo de pista seguía otro, el cual estaba muy bien cuidado, ya que se notaba que recién había sido construido, y además era parte de la fábrica. A la izquierda de esta pista nueva, se podía observar esta enorme fabrica en donde se hacía la famosa cerveza Brahma. La fábrica estaba rodeada por un gran cerco de cemento, con agujeros largos rectangulares hechos en forma ordenada y secuencial. Además, todas las esquinas de esta tenían casillas encima de las cercas para los vigilantes. Desde donde estaban los jóvenes se podía observar, con mucha dificultad, las grandes maquinarias e instalaciones. Lamentablemente, los jóvenes no podían entrar a la fábrica para observar cómo era esta por dentro. Renzo sugirió que sería bueno que regresen de una vez, pero las hermanas al parecer ni lo habían escuchado. Siguieron andando y mirando a la fábrica hasta llegar a la esquina. Ahí Lucía les dice:

- Miren – ella señala hacia una parte de la fábrica en donde se estaba botando mucho humo- Imagínate cuánto estarán contaminando allá.
- No creo que contamine – dijo Renzo – en la revista que leí de Huachipa decía que la fábrica no iba a contaminar mucho, porque en la fábrica estaban usando una sustancia que no dañaba mucho el ambiente.
- Pero igual pues Renzo, de todas maneras esta dañando el ambiente de Huachipa – dijo la hermana menor - ¿Cómo pudieron permitir esto? Mira y arroja bastante humo, que cólera me da – Los hermanos se quedaron observando por un momento este humazo que salía de uno de los tantos tubos de la fábrica.
- ¿Qué podrá haber sido esto antes no?- dijo Cristina
- Una chacra de repente, hay muchas por aquí – dijo Renzo
- ¿Y si preguntamos a alguien de por acá? – dijo Lucía
- A quien podremos preguntar, aver…- Renzo miró alrededor suyo a ver si había alguien que posiblemente supiera, luego se quedó mirando a un lado – Miren - Renzo señalo a una casa que había antes de pasar por la fábrica, al lado de la pista mal cuidada – ahí hay un señor que está dando de comer a sus perros, hay que preguntarle.

Los hermanos fueron a esa casa. Esta vivienda no muy grande era de color azul. Ocupaba casi el mismo terreno de la casa de ellos y era de un solo piso. En la parte de afuera había casas para perros y alambres con palos acomodados para colgar ropa. Aquí se hallaba un señor de aproximadamente sus 40 y tantos años. Renzo se acercó a este señor y dijo:

- Ejem…, buenas tardes señor, somos unos jóvenes que recién nos acabábamos de mudar y se nos ocurrió pasear un momento por aquí. Disculpe, le queríamos preguntar si usted sabe que era este terreno donde ahora esta la fábrica Ambev-.

El señor rechoncho y trigueño volteó y dejo el plato con la comida de los perros (el hombre estaba lanzando uno por uno al parecer pellejo de pollo frito) en el suelo.

- Ah ya…, aver…, antes esto era un pequeño bosque, así con arboles todo bien bacán. Esos de Ambev la han malogrado toda pues. Contaminan bastante también.
- ¿Era un bosque? – preguntó Lucía impresionada
- Si era un bosque, recuerdo todavía que aquí los chibolitos iban a pasearse con sus bicicletas
- Pucha que malditos, ya a nadie le importa la naturaleza- dijo la hermana menor con rabia. A Renzo le dio risa el comportamiento de su hermana.
- Así son pues, siempre se buscan un lugar aislado para poder trabajar sin que nadie les moleste, y no les importa nada a su alrededor – dijo Cristina a Lucía.
- Si pues – contestó la menor.
- Ya, muchas gracias señor- dijo Renzo
- De nada, suerte- contestó el mayor. Los jóvenes voltearon y empezaron a caminar. De repente, Renzo giró denuevo y fue a preguntar al señor.
- Disculpe una última pregunta, ¿Cómo se llama el alcalde actual?
- Málaga – contestó
- Okey, gracias- dijo Renzo. Este volteo, y luego se fue hacia sus hermanas – ¿Málaga no es un apellido?
- Se refiere al alcalde pues, no se sabe su nombre de repente – dijo Cristina

Los jóvenes siguieron yendo más al fondo, y a la vez alejándose más de la casa.

- Imagínate, esto era un bosque, hasta ahora no puedo creer la poca consideración que tienen estos desgraciados- dijo Lucía
- Ya Lucía tranquila- le dijo su hermana mayor- lo hecho ya está, no tienes por qué hacerte hígado, te van a salir arrugas vas a ver – Renzo se rió.
- Que tal si vamos de esta esquina y volteamos a la izquierda, de ahí nos damos toda la vuelta por la fábrica y regresamos – dijo el hermano mayor.
- Ya se te fue la preocupación ¿no?- dijo la hermana mayor
- Jajaja, hay que apurarnos más bien para no lamentar luego- recomendó Renzo
- Hay que irnos a la casa, ya me dio cólera esto- dijo Lucía. Los dos hermanos mayores se rieron.
- Tranquila hermanita, ahorita que damos la vuelta por toda la fábrica ya vas a estar mejor- le dijo Lucía para que se calmara – y cansada además.

Los jóvenes siguieron caminando. Observaron que había una chacra que impedía que el terreno de Ambev sea un cuadrilátero, ya que esta era casi cuadrada y estaba a la esquina del gran terreno de esta industria. Esta chacra al parecer era el único terrenal que no fue vendido a la empresa brasileña. De todas maneras, ésta fábrica era bien grande. Los hermanos llegaron a la esquina de la chacra y se fueron a la izquierda. En el camino, Lucía pudo ver mejor como una de las maquinarias estaba despidiendo el humo. Más allá se pudo observar, el almacén de cajas para botellas de Brahma. Las cajas eran casi incalculables, eran demasiadas. Se veía una gran pared roja con muchos logos de la cerveza brasileña. Mientras los hermanos caminaban por esa calle, ellos pudieron notar que varios buses rojos con azul pasaban a cada momento. Al costado de estos últimos decía “El Rápido”

- Qué nombre tan chistoso para una empresa así – dijo Lucía
- ¿En serio de llamará “El Rápido”?, ¿A quién se le habrá ocurrido esa ridiculez?- dijo Cristina
- ¿Y realmente será rápido?- dijo Renzo.

Al llegar a la esquina, notaron también que varios camiones se iban a la derecha, ahí había otra fábrica, la famosa Kola Real, que últimamente se había cambiado de nombre por Aje. Además de irse por allá, también se iban a una gran autopista que se llamaba Ramiro Prialé.

- ¿Hay que ver esa fábrica también? – preguntó Lucía
- Tu te quieres reventar el hígado ¿no? – dijo Cristina
- Jajaja, no ya no te preocupes ya no me voy a amargar, es que creo escuchar que por ahí hay un grifo, y tengo en mi bolsillo 3 soles, exacto para comprarnos los tres una gaseosa de a sol.
- Ya pues vamos, ya estaba cansada – dijo Cristina sonriente
- Recuerden bien por donde estamos yendo para no perdernos después – dijo RenzoAcuerdense, que yo tengo mala memoria.
- Otra vez se le vino la preocupación a este pesado – dijo Cristina. Luego los hermanos empezaron a caminar hacia la otra fábrica.

De esta última fábrica no se podía ver casi nada...

1 comentario:

Corihuayta dijo...

Trabajo interesante, te recomiendo que lo subas la información y el material que tienes sobre la contaminación de las fábricas a la web de periodismo ciudadano de RPP http://www.reporterow.com